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Un
futuro mejor es posible por siete pesos diarios
Cómo
prevenir la mala nutrición, que atenta contra el cerebro y el desarrollo
infantil.
Por: Facundo Manes

Es necesario darnos
cuenta de la importancia de la alimentación de los niños
en edad preescolar. En esta etapa el cerebro se está formando y
requiere una adecuada nutrición. Como Estado y como sociedad se
debe entender esto y actuar en consecuencia.
El tiempo entre la concepción y los 3 años es un período
sensible en el que el cerebro percibe experiencias que influyen drásticamente
en el desarrollo cognitivo. La desnutrición y la malnutrición
están asociadas a alteraciones en la actividad de los neurotransmisores
-sustancias químicas que median la comunicación entre neuronas-.
El efecto de la desnutrición y malnutrición es mayúsculo
cuando se da principalmente por una ingesta pobre de nutrientes como proteínas,
zinc, ácidos grasos esenciales y hierro. La anemia por falta de
hierro, imprescindible para la síntesis de la dopamina (neurotransmisor),
es la carencia nutricional más frecuente en nuestro país.
En estudios de niños que murieron por desnutrición se halló
un número disminuido de neuronas. Las intervenciones preventivas
de asistencia alimentaria en los primeros años de vida son efectivas
para mejorar el rendimiento intelectual en niños con déficit
nutricional. En la Argentina, con una población infantil menor
de 5 años de 3,4 millones y un 10% de hogares indigentes, hay aproximadamente
340.000 chicos que corren riesgo de malnutrición.
Insisto: existen en nuestro país 340.000 chicos a los que, por
mala alimentación, les estamos restringiendo las capacidades y
las oportunidades de un futuro mejor. Las deficiencias en la alimentación
se previenen con políticas públicas e implementación
sostenida de programas alimentarios. Un estudio del CIPPEC que abarca
los 25 años siguientes a la recuperación democrática
relevó los programas alimentarios nacionales implementados y demostró
que no se ha logrado una articulación entre los distintos actores
que participan en el diseño y la ejecución de dichas políticas.
Los problemas frecuentes son falta de coordinación e ineficiencia
del gasto.
El gasto social total en Argentina ha crecido en la última década,
evolucionando en la misma dirección que el producto bruto interno
(PBI). Gastar más, sin embargo, no quiere decir necesariamente
gastar mejor. Usando las estadísticas oficiales de enero del INDEC
-un dato muy conservador, por cierto- se podría decir que una familia
tipo debió destinar 1095,26 pesos mensuales para mantenerse sin
caer en la pobreza. Si considerásemos que ese gasto se utilizó
exclusivamente para la alimentación de la familia, compuesta por
una pareja de adultos (varón y mujer que consumen 2700 y 2000 calorías
diarias, promedio) con dos hijos menores (consumen 1500 calorías
diarias cada uno), arribaríamos a un valor de 36,50 pesos diarios
para un consumo familiar de 7.700 calorías. Calculando la proporción
por niño, que representa un 20% del consumo familiar total, la
nutrición adecuada de un niño menor de 5 años costaría
7 pesos diarios.Como está visto, el Estado y la sociedad precisan
poco para lograr mucho. Es necesario darnos cuenta de la improcedencia
y el déficit social que significa que en nuestro país exista
una infancia con carencia nutricional. Resulta imprescindible entender
que prevenir esto debe ser, de manera urgente, el principal desafío.
Fuente: www.clarin.com
Fuente: DIRECTOR DE INECO Y DEL INSTITUTO DE NEUROCIENCIAS DE LA FUNDACION
FAVALORO
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